Madres de Cuento

dia de la madre

¡El alma niña!
Su clara luz risueña;
y la pequeña historia,
y la alegría de la vida nueva…
…¡Ah, volver a nacer, y andar camino,
ya recobrada la perdida senda!
Y volver a sentir en nuestra mano
aquel latido de la mano buena
de nuestra madre… Y caminar en sueños
por amor de la mano que nos guía.
A.Machado

Ahora que se acerca el Día de la Madre, cuando pienso en la madre que tuve y en la madre que soy, entiendo esta interpretación de lo “materno” que leí en un tratado de Psicología, que lo definía como la autoridad mágica de lo femenino, la sabiduría y la altura espiritual que está más allá del entendimiento; lo bondadoso, protector, sustentador, dispensador de crecimiento, y alimento; los sitios de la trasformación mágica, del renacimiento; el impulso o instinto benéficos; lo secreto, lo oculto, lo sombrío, el abismo, el mundo de los muertos, lo que devora, seduce y envenena, lo que provoca miedo (Jung,1994,75).

Las madres han sido y seguimos siendo trasmisoras de historias, y con ellas tejemos el hilo invisible de la vida para nuestros hijos. Un mundo a veces imaginario pero que permanecerá siempre en su memoria. Por ello continuamos regresando hacia nuestra madre una y otra vez, porque en ella morimos y nos renovamos, en un continuo intercambio equivalente.

La historia de la literatura está plagada de madres que como en la vida real son buenas y algunas no lo son tanto. Y de eso quería hablar hoy, dos ejemplos opuestos en la literatura; por un lado, como madre bondadosa, estaría la señora Margaret March de la novela “Mujercitas” de Louis Mary Alcott. Tiene el mérito de criar ella sola, mientras su marido permanece ausente, a cuatro hijas con caracteres de lo más diversos. Además, mientras hace malabarismos por mantener su familia a flote, también encontrará tiempo de trasmitir a su progenie la importancia de la moral y la caridad de la época. Ahora podría tildarse de noña y un tanto machista en algunos momentos, pero “Mujercitas” representa un relato sobre el desarrollo personal que ha atrapado a una generación tras otra. Yo recuerdo que después de leer la novela, un día probaba eso de ponerme una pinza en la nariz como Amy, una de las protagonistas, hasta que apareció mi madre a punto de terminar unas de esas coladas infinitas de familia numerosa como la de Mujercitas y de un manotazo hizo que mi pinza saliera volando y por poco se va con ella mi nariz a hacerle compañía.

–      ¡Te he dicho que con las pinzas no se juega! – me gritó mientras recuperaba la última pinza que le faltaba para rematar triunfante la faena tenderil, y dejaba bien sujeto un pantalón de esos que antes, siempre al tercer día de uso, ya gastaban rodilleras. Creo que ahora las rodilleras son casi una especie en extinción.

Pero si yo no estaba jugando, ¡sólo estaba experimentando si mi naricilla sufría alguna transformación! Las madres muchas veces son las que nos devuelven a la cruda realidad o nos tocan literalmente las narices… pero hay que reconocer que al final casi siempre terminamos dándoles la razón, porque mi nariz siguió siendo la que era y no sufrió estropicio alguno.

Y que gusto daba ver esas hileras de cuatro filas de ropa recién tendida aireándose al sol y escuchar cómo las madres a través de los patios aireaban los trapos sucios ¡y mira qué  podían estar sucios esos trapos! Me encantaba sentarme al lado de mi madre y escuchar las conversaciones que se cruzaban por el patio a grito pelado, y contemplar el efecto óptico de las coladas de ropa blanca (blanco Ariel de toda la vida) donde lo único que amarilleaba eran las bragas de cuello alto de alguna abuela. En esas filas de ropa tendida estaba escrita palmo a palmo la historia de las familias con todos sus géneros y saltos generacionales posibles. Allí; entre camisas, pichis de uniformes, babis, camisetas interiores, calcetines remendados, baberos, paños de cocina con los días de la semana, sábanas y toallas con las iniciales bordadas, calzoncillos, faldas plisadas, pijamas de rayas, batas de guatiné, balletas de polvo (porque se limpiaba mucho el polvo con esos muebles que tenían tanto brillo), mantelerías de hilo con muchas servilletas para familias numerosas, gasas para los recién nacidos porque todavía no se usaban los pañales desechables…
Y también allí, en esas simples cuerdas estaba escrito el árbol genealógico de la familia; las visitas de sus parientes, sus rupturas, las idas y venidas, los casamientos, el que había perdido un trabajo o al que de repente la vida le sonreía. Allí estaban anunciados como si fuera un escaparate los nacimientos; que se iniciaban con aquellas camisetas interiores de hilo blanco tan delicadas que a día de hoy se han sustituido por los prácticos bodies, montones de patucos de croché y la toquilla, que con su lazo rosa o azul, desvelaba el misterio del sexo del infante. Y allí también estaban señaladas las tragedias cuando la cuerda se teñía de luto y duelo y hasta le destinaban las pinzas más desvaídas. Allí se sabía si eras cuidadosa o destrozona con la ropa, y eso ya era una etiqueta de tu persona. La ropa destinada a los domingos, las vacaciones si eran de playa o montaña o de pueblo de toda la vida y hasta los trajes de comunión que luego heredaría alguna hermana o prima.

Hoy me llega ese olor a ropa limpia y el eco de las voces acompasadas viendo la figura robusta de mi madre con su gracejo andaluz que trajinaba sin tregua y yo, sentada a sus pies, enredando las historias con las pinzas sin darme cuenta de que ella en esas cuerdas rescataba y ponía a remojo mi vida entera.

Pero me tocaba hablar de una de las malas de la literatura. Madres de comportamiento discutible. Ese es el caso de la matriarca de la obra de teatro “La casa de Bernarda Alba” de Federico García Lorca, una mujer más preocupada por las apariencias que por la felicidad de sus hijas y que, obsesionada por gobernar su hogar con mano férrea, terminará haciendo que la fatalidad caiga sobre su familia.

En los cuentos infantiles clásicos no podemos olvidarnos de la terrible madastra de Blancanieves y de Cenicienta, pero también hay personajes deliciosos como Wendy de Peter Pan, que asume el cuidado de los Niños Perdidos quienes le piden sea su madre y a quienes entretiene con cuentos e historias.

Para terminar quería hablar de un cuento infantil que fue de los primeros que leí a mi hija y todavía nos sigue rondando muchas noches como antaño lo hacían los serenos.

busco una mamá

Sinopsis

Una familia oye la voz de una niña boliviana que busca una madre. Impulsados por la llamada de la pequeña, que llega a través de las estrellas o de las emociones, Gabriel y Jorge, los mellizos, cruzan con sus padres el Atlántico para ir a recogerla. Una historia de adopción vista desde una doble óptica: la del país del Norte con la familia adoptiva, y la del país del sur con la madre biológica.

Una noche una solitaria, hambrienta y joven madre pide limosna… no puede hacerse cargo de su bebita… se la deja a una mujer mayor, diciendo que volverá… No vuelve. La mujer se encuentra con un bebé en los brazos sin saber qué hacer.

El título de este cuento es el grito del bebé al universo… a la vida pidiendo una madre que pueda cuidarlo.

Directo… sin adornos nos enfrentamos al abandono. Es un cuento que refleja el hecho físico directo de este trágico momento. Es un cuento duro… un buen puente para hablar con nuestros hijos.

busco una mama 1

“Busco una mamá” surgió cuando la autora Gemma Lienas conoció a su cuarta nieta llegada desde Bolivia.

“Cuando esperaba en el aeropuerto para recibirla, pensé en las experiencias que había vivido esta pequeña de tan sólo unos meses, que había tenido que separase de su madre bioloógica, vivir en un hogar de acogida, conocer a su familia adoptiva y volar hasta España”

busco una mama 2

Esta búsqueda de una mamá la han vivido tres niños que conozco muy bien y que ahora imagino preparando amorosos los regalos para entregar a su madre. Y cuando esa madre, que es la que escribe, los reciba sólo podrá decirles lo que pensó el día que los vio por primera vez:“Gracias por haberme esperado todo este tiempo, ya nunca nos separaremos ni nada podrá romper los dos extremos de esta cuerda porque el hilo que la une es el de la vida”. Y sólo deseo que al final de su espera dolorosa e incierta, y todo lo sufrido, la madre que les aguardaba con los brazos abiertos y el corazón estallado de amor tantos años contenido, pueda ser alguna vez la madre soñada de sus cuentos, una mamá, imperfecta a veces, pero que siempre tejerá para ellos el hilo de la vida con unos hilos mágicos que están tendidos en su corazón, viajan por sus sueños y descansan en su alma.

¡ Qué paséis un día de la Madre…de CUENTO !

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Categorías: Mis otras existencias | Etiquetas: | 2 comentarios

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2 pensamientos en “Madres de Cuento

  1. Pili

    Uff!!
    Ese cuento “Busco una mamá” se lo he leído a mis chicos un montón de veces.Les encanta, aunque yo sea incapaz de leerlo de un tirón, porque se me empaña la mirada y se vuelven borrosas la letras…
    Precioso y muy muy real…
    Maravilloso hilo rojo, invisible que nos une y hace esperar lo casi imposible.
    Cuando por fin, ves sus caritas,las contracciones, o los meses de papeleo, las largas horas de avión,…todo se vuelve nada.Si, te conozco de siempre, aunque sea la primera vez que veo tus ojitos…
    Madres, magia en estado puro: reir y llorar, abrazar, soñar, crear,limpiar.
    Y sin ellas, todo parece imposible,con ellas, todo es más fácil.
    Totalmente de acuerdo contigo.

  2. soniasanchezlopez

    Precioso… Esas madres que nos ayudan a crecer y nos hacen ser cómo somos, por mucho que queramos reivindicar que el mérito es nuestro.

    Gracias por compartirlo. Es agradable leer algo bonito y diferente.

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